21 ene 2014

Conquista a la muerte con tinta y no con tus labios

Una madrugada sin estrellas, sin luna, ella se canso de cosechar almas, se puso un vestido de fiesta y me invito a desayunar, me hablo de los libros quemados de Alejandría, de la decadencia de roma, de los ritos griegos donde la carne y el placer eran vehículos para llegar al paraíso.


Comimos risas y miradas. -¿Dónde has puesto las llaves de tu corazón? Me susurro al oído mientras me besaba la mejilla para despedirse, yo le sujete los codos y la acerque a mi –Las he guardado donde tú has colgado la hoz-  se separo de mi, inquietada busco leerme los ojos y cuando los encontró me sonrió. –Eres un tonto. Y suspiro resignada. –Eres la muerte ¿Qué esperabas?... ¿Que nos sentáramos en la misma mesa sin coquetearte? ¿Qué no buscara conquistar a la muerte como todos aquellos antes de mi? Yo no soy Orfeo ni Ulises, no soy un campeón ni un guerrero, ni un artista… No quiero que seas mi musa ni mi puta… solo quiero que me ames como yo te temo. Ella frunció sus labios y con un gesto materno me acaricio la cabeza revolviéndome el pelo con sus dedos. –Te amo como amo a los que sin tiempo han cincelado sus nombres en mis huesos, te amo como amo al desvalido, al enfermo, al viejo… te amo con piedad. Me eche hacia atrás tambaleándome y busque una silla para reconfortar mi corazón. –De todas mis ilusiones no creí que tú serias la que me rechazara. –Creer nunca ha sido lo tuyo. Dijo con pomposidad mientras caminaba hacia la puerta. –¡Espera! Entonces… ¿Qué es lo mío? –Yo soy tuya como tú lo eres de mi lista, si quieres ver mi piel y besar mis labios hazlo en tus letras, enamórame en tus delirios, tómame en tus sueños y cuando tus iguales me identifiquen en tu nombre y teman mi beso a través de tus pesadillas, entonces, solo entonces habrás crecido lo suficiente como para tomar mi mano y yo orgullosa les diré a los dioses, “este hombre ha conquistado a la muerte”.

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